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jueves, 1 de noviembre de 2007

La Plaza

Era una gran plaza abierta, y había olor de existencia.

Un olor a gran sol descubierto, a viento rizándolo,

un gran viento que sobre las cabezas pasaba su mano,


su gran mano que rozaba las frentes unidas y las reconfortaba.


Y era el serpear que se movía como único ser,


no sé si desvalido, no sé si poderoso, pero existente y perceptible, pero cubridor de la tierra.


Allí cada uno puede mirarse y puede alegrarse y puede reconocerse.


Cuando en la tarde caldeada, solo en tu gabinete,


con los ojos extraños y la interrogación en la boca,


quisieras preguntar algo a tu imagen,


no te busques en el espejo,


en un extinto diálogo en que no te oyes.


Baja, baja despacio y búscate entre los otros.


Allí están todos, y tú entre ellos.


Oh, desnúdate y fúndete, y reconócete.


Vicente Aleixandre

El sueño


Hay momentos de soledad en que el corazón reconoce, atónito, que no ama.

Acabamos de incorporarnos, cansados: el día oscuro.

Alguien duerme, inocente, todavía sobre ese lecho.

Pero quizá nosotros dormimos... Ah, no: nos movemos.

Y estamos tristes, callados. La lluvia, allí insiste.

Mañana de bruma lenta, impiadosa.

¡Cuán solos!Miramos por los cristales.

Las ropas, caídas;el aire, pesado; el agua, sonando.

Y el cuarto, helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.

Así te quedas callado, tu rostro en tu palma.

Tu codo sobre la mesa. La silla, en silencio.

Y sólo suena el pausado respiro de alguien,

de aquella que allí, serena, bellísima, duerme

y sueña que no la quieres, y tú eres su sueño.


Vicente Aleixandre.

miércoles, 1 de agosto de 2007

La luna.


La luna

Qué maravilloso es todo lo muerto

y qué indescriptible: una hoja muerta

y un hombre muerto

y el disco de la luna.

Y todas las flores saben un secreto

y el bosque lo guarda, y es que la órbita

de la luna en torno a la tierra

es la ruta de la muerte.

Y la luna teje su maravillosa tela,

la que aman las flores, y la luna teje

su fantástica red en torno a todo lo que vive.

Y la hoz de la luna ciega florece

en las noches de finales de otoño,

y todas las flores esperan

el beso de la luna con infinito anhelo.


Edith Söderggran (1892-1923) Finlandia. Nació en San Petersburgo. Vivió gran parte de su niñez en Carelia, zona de confluencia ruso finlandesa. Estudió en un colegio alemán y sus primeros poemas están escritos en esta lengua. Enferma de tuberculosis desde los dieciséis años, pasó varios años en un sanatorio suizo y murió de esta enfermedad en 1923.

jueves, 24 de mayo de 2007

El soneto nocturno.


La luna era ese párpado cerrado
que flotaba en el circo de la nada
y el niño retenía la mirada
su hipnótico vagar de astro cegado.

La noche es un jardín narcotizado
con esencias de alquimia y sombra helada
y tu infancia una estrella disecada
en el taller de niebla del pasado.

La luna vive ahora en los relojes
que lanzan sus saetas venenosas
sobre la esfera blanca de este sueño.

De este sueño sin fin del que recoges
la ceniza dorada de esas cosas
de las cuales un día fuiste dueño.

F.Benitez.

viernes, 18 de mayo de 2007

Nostalgia.


El idioma de la leche se justifica a sí misma,
corre caliente hasta que se enfría, uff
no es agradable.
Se forman charcos, un poco melosos.
Nutre.
Había una vez un jardín, érase una vez un manantial,
ahora todo es agrio, así es la nostalgia.

Ceniza.

Dormía. Aquella noche velaba mi espíritu.
Sonó un golpe. La luz se encendió.
La ventana anunciaba tormenta.
La abrí como estaba, a medio vestir .

Así es como nieva. Así murmuran los copos.
Así balbucean las bocas de signos.
Allí está el original;
aquí, la palidez de la copia.
Allí está todo en sangre;
aquí no hay sangre alguna.

Allí, iluminado, cual difunto,
por débil luz del ventanal,
limpia el aféizar con las lilas
-el frío croquis de un glaciar .

En noche ginebrina el Sur entreteje,
como en trenza de mujer meridional,
brillos de algarrobas y de albaricoques,
orquestas y barcas, y risas de olas.

Y, cual revolviendo castañas,
echa en braseros con el cogedor
bebidas de hombres,
y de las mujeres,
jarabe con luz y calor.

De cada luz llega una plática.
Y arriba, ahogándose, el olmo
el lienzo hace temblar de la marquesa
y pinta con sus ramas en la gasa.

Tú mira, ¡qué fiebre en los Alpes!
¡Qué fiel a la patria es cada paso!
¡Oh, sé bella, por favor!
¡Oh, por favor, en cada caso!

Con tu belleza matadora,
cien veces bella, más y más,
tú siempre, siempre, a todas horas,
de frialdad fundida estás.

Pues, atropina y belladona
tomando, triste, alguna vez,
igual que tú, miraré frío,
e igual que tú, «sufre» diré.

1916
B. Pasternak.

Tiempo.


Lloras fuerte y claro
en una mesa que has metido dentro de ti
delante nuestro apenas un paisaje
de lona descolorida
ondea al aire dentro y fuera
lagos pintados lluvia de los campos
nube naranja podrida
yo sé lo que hace falta
debo despejar impedimentos
quitar todas las sobras
hasta dejar solamente rastros
de que te vas
y que haces bien en irte


du gråter hårt och öppet
vid ett bord du ställt in i dej själv
landskapet framför oss
är knappast mer än en sliten tältduk
som sugs in och ut med
ditmålade sjöar, regntunga fält och ett
orangefärgat bortskrapat moln
jag vet vad som krävs
jag måste hålla undan allt som stör
tills det bara finns tecken kvar på att du
börjat ge dej av

Lento


Un bosque de cuchillos ciñe un traje de novia.

Es la patria del fuego y la ignominia

que habita en los suburbios calcáreos de la memoria.

Los pájaros siempre son una despedida,

silente y pálida,como ciertos atardeceres en el mar.

Crece un muro con la lumbre del abandono,

con las palabras del fango,-tinta de la sangre o de la piedra-.

Las manos viven dentro del espejo,

desatan sin asombros la crueldad del estigma negro,

de mares de furia estéril.

El velo está roto y en silencio.

Los puentes se extienden como tigres en el ocaso.

Pálidos musgos y pianos enredan un aire antiguo.

En la selva cantan los muslos tristes de una muchacha.


De "La epopeya del laberinto" 2001

Andante.



La noche del eclipse de luna

bebías el cobrizo reflejo de la bruma en la marisma.

Mil incendios palpitan en la penumbra.

Penitencia oculta en una piel de lirio,

albero y negro de silencio.

Cabalgo al ritmo de mi temor,

ruido seco de tambores,-el tiempo humilla con laureles-.

En los pantanos suaves el barro

cruje como las sienes sin luz de una muchacha.


De "La epopeya del laberinto" 2001

El dolor escoge sus ciudades...

Dilapido ausencias, transijo con la nada.
Pájaros lentos ofrecen su cuidado.
Dreno los aljibes oscuros de la sed,
la oblicua noche del regreso,
las imposturas del tiempo,
la quemazón de los retratos.
Te miraré otra vez,
en otra noche de desamparado rasgo.
Se columpia sin prisa la ternura,
me pruebo otra tristeza con la distancia de un presagio.

De "La vigilia del tiempo" 1996

jueves, 17 de mayo de 2007

Límites.

Procura que el silencio se lea en tus poemas,
pero jamás olvides saber qué está del lado de la llave,
qué está del lado de la cerradura.

sábado, 12 de mayo de 2007

Hambre Roja.


Estabas loca.
¡Qué lejos queda!

Moriste, con un dedo delante de los labios,
En noble movimiento,
Para atajar la efusión;
En el sol frío de un reparto verde.

Estabas tan hermosa que nadie se dio cuenta de tu muerte.
Más tarde, era de noche, te pusiste en camino conmigo.

Desnudez sin desconfianza.
Pechos podridos por tu corazón.

A sus anchas en este mundo circunstancial,
Un hombre, que te había estrechado entre sus brazos,
Se sentó a la mesa.

Estate bien, no existes.

R. Char.

El fondo del agua.


Nada

sólo la caída del fuego

sobre una semilla de cristal

La rosa de hierro aletea en el delirio

consumido después de nosotros después de ti

Tragaluces nos conocemos mal o no nos conocemos

La mano desnuda está de prueba tendida como para rendirse

El paisaje no tiene pudor

Hablo para las primeras cerezas azoradas para las estaciones

de perifollos al final de los naufragios

para las imágenes de plomo de las bailarinas partidas en dos.

jueves, 3 de mayo de 2007


Entonces vino la poesía con su vestido roto de harapos esplendentes/ se plantó ante las cámaras y dijo:/recua de grandes prostitutas y pequeños rufianes/ turba de cuervos comiendo ojos de chicos:/yo para siempre los maldigo.

Ivonne Bordelois (argentina - 1934)
8

Pinos rajados
en el mismo pantano.
Siempre y siempre.

8

Ruggiga tallar
på samma tragiska myr.
Alltid och alltid.

1

Pared de pena...
Palomas van y vienen:
no tienen rostros.

1

Höpplöshetens vägg…
Duvorna kommer och går
utan ansikten.

Rodar su estancia en una ropa de cama con el miedo permanente del fracaso, ver cómo se escapa el lenguaje y las tierra de familiar, cuando arrancamos las raíces somos un ganso salvaje abriendo sus alas hacia el sur atravesar tierras tomadas por glaciares a la búsqueda de un refugio de calor, y temer constantemente suscitar rechazos sobre uno y otro suelo: ¿adónde puede llevar una hoja toda esa desdicha?

domingo, 22 de abril de 2007


"Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos."

-Alejandra Pizarnik. La condesa sangrienta.


- ( I ) pequeñas barcazas lánguidas

(maderos, estacas )

aguas que olvidan agitarse piden la tormenta que expone.

Y es la espera

-Unos ojos que prometen una mirada, una distancia

Un fuego que descansa.-

Y es la única

Y es un ensueño que no dice adiós

que desgarra.


sábado, 21 de abril de 2007

El perro Okinamaro.

A Sei Shonagon(que vivió en el siglo XI A.C)

Él, que paseaba un día coronado
de flores de durazno y de cerezo,
el triste Okinamaro como un preso
a la isla de los perros fue expulsado.
Cuando volvió al palacio oscuro, herido,
lo llamaste, pero él no te miró, y nadie,
nadie lo reconoció, mas era él mismo, él mismo destituido.
Y lo reconociste en el momento en que lloró a tus pies
y que lo viste desfigurado, sucio, hinchado y triste,
y lloraste con él su sentimiento.

domingo, 1 de abril de 2007



YENDO POR AQUEL CAMPO


...Yendo por aquel campo, aparecían, de pronto, esas extrañascosas. Las llamaban por allí, virtudes o espíritus. Pero, en verdad eran la producción de seres tristes, casi inmóviles, que nunca se salían de su lugar. Estancias al parecer, del otro mundo, y casi eternas, porque el viento y la lluvia las lavaban y abrillantaban, cada vez más. Era de ver aquellas nieves, aquellas cremas, aquellos hongos purísimos... Esos rocíos, esos huevos, esos espejos. Escultura, o pintura, o escritura, nunca vista, pero, fácilmente descifrable. Al entreleerla, venía todo el ayer, y se hacía evidente el porvenir. Los poetas mayores están allá, donde yo digo.


De "Clavel y tenebrario" 1979